DE TUS LABIOS… DE TU CUERPO…

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Aun restándole tiempo al tiempo
a veces es imposible dejar de  sentir,
dejar de pensar.

Y es que, aunque el exilio sea mi único consuelo
después de tus labios, después de tu cuerpo…
Mi sangre… Sí, aquella sangre que un día también fue tu sangre,
pese a ya no poseer un corazón, se niega a olvidar.

Fuiste aquellos besos en la calle.
-Con miradas-
Fuiste aquel déja vu esperado.
-Con esperanza-
Fuiste aquel sueño que nunca fue un sueño.
-Porque siempre fuiste cierto-

Y eres… ¿Eres?
-Difícil pregunta-

Eres la última sonrisa, que se vistió de lágrimas.
Eres el último silencio, que a veces acaricia, que a veces mata.
Eres la última palabra, escrita una noche de viernes,
mientras tu cuerpo en la ciudad del norte sonreía…
Y el mío, en la ciudad del sur, te extrañaba.

Y yo… ¿Quién soy yo?
-Preferiría leer tu repuesta-

Yo, tal vez sea aquel zurdo al otro lado de la calle.
Yo, tal vez sea aquel primer encuentro trasformado en deseo.
Yo, tal vez sea aquel niño inquieto, que así como llegó, se alejó.
Yo, tal vez sea aquel “te quiero”, seguido de un “no puedo”.
Yo, tal vez sea la última noche de sexo, y con ello…
Yo, tal vez sea la última excusa para entender que tu cuerpo,
en realidad, ama a otro cuerpo.

Pero yo, después de aquellos hirientes “tal vez”,
Yo… Sí, YO –con mayúsculas- soy aquel hombre
–extrañamente cierto-, que con la verdad en sus ojos,
sólo encuentra en ti la otra mitad que le hace falta para sentirse completo,
para sonreír, para vivir, para venirse, para continuarse, para SER.

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