DESNUDO

Desnudo me encuentro bajo tu piel.
Me tomo cinco segundos.
Luego respiro.
Y ya sumergido en tu diluida sangre,
recorro todo tu cuerpo,
con la ingenua intención,
de encontrarme en él.

Llevo en mis manos
la otra mitad de los recuerdos que compartimos.
Aquella mitad que me pertenece.
Aquella mitad que complementa el rompecabezas de nuestras vidas.
Y que, sin tu mitad, nunca tendría razón de ser.

Pero vaya sorpresa, me he perdido,
entre un campo de flores y mariposas
que anida caliente bajo tu vientre…
…Y el motivo no soy yo.
…El motivo es él.

SOBRE MI CAMA

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Estoy sentado sobre mi cama,
mirando a mis pies descalzos
y buscando una ingenua excusa
para levantarme y caminar.

¿Ayer?
Ayer no dormí hasta tarde.
Cuando el reloj dio las dos,
cubrí mi cuerpo con la sábana blanca
que me regaló mamá.
Y en silencio repetía tu nombre,
para fingir durante dos segundos
que aquella noche, fue una de nuestras noches…
Cuando hablábamos por más de seis horas.
Luego yo me quedaba dormido
y tú me escuchabas roncar.

Te pienso todos los días.
¡Sí!
¡Debo aceptarlo!
Te pienso para reír.
Y también te pienso para llorar.

Y es que me es imposible olvidarte.
Olvidar, por ejemplo:
que junto a ti yo inventé un lenguaje nuevo.
Y junto a mí, tú aprendiste a cocinar.
Olvidar nuestro único viaje.
Tú mordiendo mis labios
y yo pidiendo que lo hagas despacio.

Los dos sonreímos…
Los dos amamos…
¿Los dos?
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