SOBRE MI CAMA

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Estoy sentado sobre mi cama,
mirando a mis pies descalzos
y buscando una ingenua excusa
para levantarme y caminar.

¿Ayer?
Ayer no dormí hasta tarde.
Cuando el reloj dio las dos,
cubrí mi cuerpo con la sábana blanca
que me regaló mamá.
Y en silencio repetía tu nombre,
para fingir durante dos segundos
que aquella noche, fue una de nuestras noches…
Cuando hablábamos por más de seis horas.
Luego yo me quedaba dormido
y tú me escuchabas roncar.

Te pienso todos los días.
¡Sí!
¡Debo aceptarlo!
Te pienso para reír.
Y también te pienso para llorar.

Y es que me es imposible olvidarte.
Olvidar, por ejemplo:
que junto a ti yo inventé un lenguaje nuevo.
Y junto a mí, tú aprendiste a cocinar.
Olvidar nuestro único viaje.
Tú mordiendo mis labios
y yo pidiendo que lo hagas despacio.

Los dos sonreímos…
Los dos amamos…
¿Los dos?
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FRENTE AL ESPEJO

QUIERO-ROBIN-MENDOZA
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Quiero humedecer tus sábanas blancas
con el sudor intenso de nuestros cuerpos.

Quiero poner tus manos acalambradas
de ganas sobre mi cara.

-Alimentarme de tu pecho,
frente al espejo-

Quiero destruir aquello que se ha permitido
y usar palabras obscenas, mientras dibujo
un corazón con mi lengua sobre tu ombligo.

Quiero que ellos nos odien.

Ser condenados…
Ser exiliados…
Ser aprehendidos…

Y que todo mundo nos juzgue,
por vivir aquello que nadie ha vivido.

Quiero, contigo quiero.
Todo…
Lo quiero…
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De vuelta al pasado…

LUZ.
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La ciudad parece detener sus luces.
Como en una fotografía, de vuelta al pasado,
ahora todo es distinto…

Vivo en un estado permanente de coma,
sentado al otro lado de la calle,
en un parque repleto de flores
que nadie visita.

La perspectiva desde aquí carece de luz y sonido.
Llorar no es suficiente -no existe calma-
y sonreír cuesta tanto
que a los pobres les han extirpado sus labios.

Mentir es ahora el único pan que sostiene al cuerpo.
Miro a mi izquierda y quienes todo lo prometieron
se fueron; creyendo que la necesidad
los hará resucitar, cuando los que poco tienen
se alimenten de sus hijos.
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¿Qué buscábamos? Nadie lo supo…

aquella-noche
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Aquella noche decidimos tomar el camino equivocado.
¿Qué buscábamos? Nadie lo supo…
Y aunque tú me viste primero, fui yo quien se lanzó a ti.
Como seguro de que la necesidad era más fuerte que tu miedos.

No, fue tu respuesta y con aquella respuesta pasaron los días…
Y con el paso de días una tarde llegamos a casa.
Nos tocamos y al segundo tu ropa cubría, en el suelo, nuestras sombras.

Luego nos besamos, nos besamos tanto, tanto, que nos faltaron labios.

Ya de regreso…
Quise hablarte, pero el silencio en tus ojos parecía decirlo todo…
El sol se ocultaba y mientras conducía a 80 kilómetros por hora
una canción gritaba que había sido escrita para nosotros.
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ES Más fácil así

TE-VI

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Te vi tomar el tren de regreso a Madrid,
a la media noche, un cinco de junio.
Yo sonriendo.
Tú en silencio.
Los dos negando este inicio del fin…

…Te vi tomar el tren de regreso a Madrid.

Sin promesas.
Ni juramentos.
Miserables,
como dos desconocidos,
que se cruzan en la calle
y al mirarse se gustan.
Luego se alejan porque es más fácil así.

-Te vi-

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La muerte me busca, es débil mi fe…

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¡Dios! Dios mío… ¿Qué pasa?
¿Será que estoy muerto en vida?
Pues mis ansias de existir son vanas.

A penas y supero un día
llega la noche y atormenta mi calma.
Susurros de llantos egoístas,
de repente con puñales golpean mi espalda.

Quisiera escaparme de mí,
desprenderme de mi alma y así ser feliz.

La muerte me busca, pues es débil mi Fe,
oscuros mis años y triste mi vida se ve.

¿Los días? Los días ante mí no acaban,
son sanguijuelas que sin piedad me matan.

¡Moriré! Quizá, tal vez…
Extintos mis pasos, extinto mi ser.

Porque yo nací para morir
y salvación nunca encontré en mí.

No soy nada sin ser lo que quiero,
valgo poco si no hago lo que pienso.

¿Por qué estoy vivo? Me he preguntado.
Si por mi  un infinito viaje
en mi ocaso está aguardando.

Miles de sueños se van volando…
¿Lo absurdo? ¿Lo tonto?
Lo absurdo y lo tonto se va quedando.

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no te tengo…

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Cuanto tiempo ha pasado y aún no te encuentro,
de mi soledad rescato el silencio y… ¿De mi cuerpo?,
de mi cuerpo la paciencia que a cada paso pierdo.

Sinfonías de colores se refugian ante el alba,
mientras la sombra de esta alma agotada
frente al mismo puerto figura agitada.

¡Jamás! ¡Jamás llegará!
Y quizá esta sea la bendición
que aun mirando, no quiero mirar.

Mil sombras se apoderan hoy de mi templo,
regalando cicatrices y reviviendo el ingrato recuerdo
de que aún no te tengo…

Y es que te amo.
Sí… Te amo tanto, tanto, tanto…
No te conozco, no te respiro, no te veo;
pero la absurda realidad, a escondidas,
ya me ha dicho que te quiero.

Pasará la distancia.
El día se hará eterno.
Lloraré tu llegada
como el cielo en pleno invierno.

Fingiré que estoy vivo.
Fingiré que he muerto.
Y cuando llegue la mañana
partiré a nuestro encuentro.
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